La docencia es un ámbito profesional único, no sólo consiste en la transmisión de conocimientos a un grupo de niños o jóvenes, sino que conlleva la enorme responsabilidad y satisfacción de tocar vidas. Pero, ¿qué implica ser docente? La docencia nos da la oportunidad de trascender –positiva o negativamente- a través de nuestros alumnos; pero también de que ellos trasciendan a través de nosotros, porque la docencia es un proceso de aprendizaje bidireccional.

Aprendemos del ejemplo, por tanto, no podemos esperar que los alumnos sean dedicados, si nosotros no lo somos; que sean creativos, si de nosotros sólo obtienen los mismos caminos y formas una y otra vez; que sean apasionados de su carrera, si nosotros no transmitimos pasión por lo que hacemos; que amen lo que hacen, si no les mostramos que amamos a lo que nos dedicamos. Lo que implica ser docente no corresponde a una forma de ganar dinero, corresponde a una actitud o forma de vida.

Creo que es eso precisamente lo que establece la diferencia entre trabajar de profesor y ser uno: la  conciencia del alcance de nuestro trabajo y la convicción de desarrollarlo de la mejor manera posible.

Trabajar como docente implica contar con determinados conocimientos y comunicarlos… ser docente es otra cosa.

Ser docente es un modo de vida. Implica aceptar nuestra humanidad y límites, para entonces comprender de manera honesta la humanidad de quienes comparten el salón de clases.

Ser docente implica preparación continua, no sólo para la labor dentro del aula, sino porque no puede exigirse a otros, lo que no somos capaces de llevar a la práctica.

Ser docente implica humildad, la de reconocer que nuestros conocimientos son finitos y que equivocarse es parte de nuestra naturaleza. El conocimiento total y la perfección son quimeras.

Ser docente implica paciencia y mucha tolerancia a la frustración, ya que la construcción del conocimiento jamás será instantánea.

Ser docente implica una profunda honestidad de lo que somos y hacemos, porque sólo en la verdad nace y se finca el respeto.

Ser docente implica el regalo de aprender de otros maestros llamados alumnos; de contagiarnos de su juventud para evitar la esclerosis de las ideas y de las conductas.

Ser docente implica libertad de pensamiento y aceptación de esta capacidad en nuestros alumnos. No podemos enseñar libertad, si no la practicamos. No se puede enseñar a alguien a llevar las ideas más allá de sus límites conocidos y zona de confort, si se nos olvidó cómo hacerlo.

Ser docente implica un trabajo de múltiples facetas, aparte de enseñar lo que plantea un programa académico: es impulsar a aquellos que no saben o que olvidan que esa fuerza está dentro de ellos; es mostrarles que creemos en lo que son y en lo que pueden ser; es retarlos para que sean mejores; es ayudarlos a levantarse de sus fracasos y a descubrir sus fortalezas.

Ser docente implica nunca olvidar que somos seres humanos falibles y perfectibles. Ser docente implica ser un adicto a la esperanza. Ser docente es enseñar a otros que la escuela no es sólo un lugar, sino la oportunidad de obtener el más preciado don: el conocimiento.

Lo que implica ser docente no es trabajar de docente: es una elección de vida.

Por: Marcia Trejo

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