Por: Ricardo Aguilar, Coordinador de Región Sur-Sureste

Con las modificaciones a la Ley Laboral, quienes creemos en la vida sindical estamos ante un escenario real de conquistar la democracia interna.

En una contienda donde el voto universal y secreto debe ser conquistado con plataformas e ideas, tenemos la oportunidad de analizar cada propuesta y podremos ver si se entiende la vida sindical y la razón de ser de un sindicato.

No nos equivoquemos, la inclusión de todas las voces, la protección del salario y las prestaciones, la transparencia y rendición de cuentas de las cuotas, son los mínimos irreductibles. Es el trabajo mínimo que exigimos de nuestra dirigencia.

Quien no pueda explicar con claridad para qué existimos como colectivo, o exponer cuál es la naturaleza de nuestro gremio, o proponer los beneficios mínimos a que aspiramos de forma legítima y los mecanismos que vamos a utilizar para alcanzar en cada paso nuestras metas… pues simplemente no está facultado para representarnos.

Quien tenga la capacidad de utilizar a favor de los maestros y las maestras la plusvalía de la trascendencia de la labor docente, que de forma inteligente promueva los valores democráticos y la defensa de nuestro papel transformador será quien entendiendo los momentos en que vivimos impulse las tareas que tenemos pendientes.

Un sindicato para estos tiempos debe estar a la altura de su responsabilidad histórica, consciente de que su labor es promover que la educación sea el motor de lucha social, que tome como suya la responsabilidad de que cada maestro cuente con todas las herramientas necesarias para consolidarse como un guía inspirador, quien abra la puerta del mundo con un espíritu libre, que motive y detone las habilidades y talentos de cada mexicano.

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