Por el bien de México, esperamos que la nueva reforma educativa, sea el instrumento que impulse la transformación de México; sin embargo, para poder lograrlo, requiere la participación de todos los actores sociales.

En México, la preocupación por el desarrollo de la educación ha sido permanente; desde la época prehispánica, los indígenas se encargaban de esa preparación; durante el mestizaje, la escuela se modificó, para convertirse en una institución la cual alfabetizaba y preparaba a las nuevas generaciones, para la formación humana y religiosa.

En este sentido, el pasado 15 de mayo del presente 2019, se aprobó por el Congreso de la Unión, la nueva reforma educativa, los legisladores señalaron que la anterior no consideraba a la totalidad de los actores del sector educativo y, en la actual se establece la integración de niños y jóvenes como actores centrales del proceso educativo.

Adiciona a los principios de educación laica, gratuita, obligatoria; los conceptos de equidad excelencia y universalidad.

En el ámbito docente determina el establecimiento de un sistema de actualización permanente y elimina el INEE, señala que en la nueva reforma educativa, habrá procesos de selección y evaluación de los maestros para su admisión y, que los derechos de los docentes se regirán por el artículo 123 constitucional.

Establece la obligatoriedad para incluir en los planes de estudio, la promoción de los valores; el fortalecimiento de las escuelas normales e instituciones de educación superior que promueven la formación docente, para poder mejorar y elevar la calidad educativa.

El beneficio al magisterio es y será sin duda una demanda social y no sólo que se les beneficie, sino que también se les reconozca como la figura más relevante e importante del proceso educativo.

Ante ello, el servicio profesional docente, debe garantizar que todos los maestros cuenten con las capacidades y conocimientos idóneos para la enseñanza de niños y jóvenes, fije reglas para estímulos y promociones, que premie la calidad y el trabajo de los docentes y, se otorguen los apoyos necesarios para que los maestros puedan, prioritariamente, desarrollar sus fortalezas y superar debilidades.

Para los estudiantes, la nueva reforma educativa debe asegurar la mejora continua en un marco de inclusión y diversidad. Por lo cual es una necesidad en el tiempo actual, que la calidad educativa llegue a todos los mexicanos, otorgando prioridad a las comunidades que históricamente han sido marginadas.

Debe considerarse, que el clima físico y el tamaño de la escuela es un factor determinación para la enseñanza, al igual que el ambiente de aprendizaje. Las escuelas donde los alumnos rinden bien poseen la totalidad o buena parte, un compromiso con normas y metas claras y comúnmente definidas, planificación en colaboración, coparticipación en la toma de decisiones y trabajo colegiado en un marco de experimentación y colaboración.

Para lo cual debe emplearse el máximo tiempo posible a los procesos y métodos de aprendizaje y, promover para los planteles educativos, unas sólidas estructuras de gestión en las que se incluya la participación de los padres, los representantes de la comunidad y las autoridades gubernamentales.

En síntesis, para verdaderamente lograr una nueva transformación la ciudadanía debe evaluar y ver reflejado los beneficios de esta nueva reforma educativa, la cual tiene que ser la clave para resolver la pobreza, atendiendo las causas estructurales.

Pues sin duda, su logro debe reflejarse, alcanzando la deseada educación de calidad y la formación de capital humano calificado; lo cual hará crecer la productividad, la innovación y la competitividad en las actividades económicas; para cerrar el círculo virtuoso, sustentado en el incremento del ingreso y la calidad de vida.

De no ser así, solo quedará en buenos propósitos y esta nueva reforma educativa seguirá siendo más de lo mismo.

Con información de El Sol de Puebla y foto cortesía

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