El valor de la diplomacia pública

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Por Dr. Luis Ernesto Salomón Delgado, catedrático e investigador de la UdeG

La salida diplomática al conflicto comercial y político que planteó a México el Gobierno de los Estados Unidos es un activo muy importante para replantear la relación bilateral.

La reacción inmediata de establecer un mecanismo de diálogo directo resultó adecuada para construir una solución compartida. Los movimientos para activar a los aliados de México en aquella nación también jugaron un papel fundamental.

Desactivar la imposición unilateral de aranceles que significaba un enorme daño económico y el riesgo de descarrilar el T-MEC ha sido un paso de enorme valor estratégico. Sin embrago ha sido sólo un primer paso en un proceso inédito en el que ha puesto sobre la mesa toda la relación bilateral y genera la oportunidad para ambas naciones de replantearla en mejores términos de los que se ha desenvuelto en los últimos años. Incluso desde mucho antes de aquella célebre declaración de Hillary Clinton que calificó a nuestro país de un Estado fallido, quedó de manifiesto la enorme desconfianza que en cuestiones de Estado de derecho, seguridad e inteligencia se cultivaba en los círculos políticos de Washington.

En ese ambiente la relación económica crecía sólidamente y el tejido de las redes familiares binacionales se profundizó. Una relación de mayor interdependencia social y económica en medio de la desconfianza institucional, puede ser el resumen de tres o cuatro décadas de relación binacional.

Los aspavientos de Trump han abierto la oportunidad de dar paso a una nueva etapa en la que México asuma un papel más activo y abierto para defender sus intereses públicamente. La estrategia seguida por el canciller Ebrard y el equipo negociador se caracterizó precisamente por atreverse a plantear los asuntos de forma directa y públicamente.

La mejor forma de legitimar acciones trascendentes como las que estaban negociando fue precisamente informar. Incluso, vale la pena detenerse en leer el comunicado conjunto en donde con toda claridad se establecen los términos del entendimiento. Queda claro que ha sido un primer paso en un proceso en el que seguramente las presiones para nuestro país continuarán en la medida que deban cumplirse los objetivos establecidos.

El punto de partida está construido sobre la base de apoyar el proceso de desarrollo de la región con medidas estructurales de largo plazo, y al mismo tiempo tener resultados inmediatos en la contención migratoria. Es decir, aceptar la propuesta mexicana del programa de desarrollo de Centroamérica y, por otra parte, activar un cuerpo de seguridad confiable para el control así como activar el intercambio de información estratégica en materia de seguridad.

Hay mucho que hacer en ambos campos. Los proyectos de infraestructura a desarrollar en el istmo, como en Honduras y Guatemala, serán fundamentales, pero eso requiere tiempo y consistencia en las acciones.

Las acciones comprometidas para la Guarda Nacional y las autoridades migratorias y de seguridad son inmediatas y ahí es donde estará centrada la atención en los próximos meses.

Aunque a veces duela aceptarlo, México necesita urgentemente mejorar el desempeño de las instituciones de seguridad interior y estas llamadas de atención hay que aprovecharlas para tomar medidas efectivas. El crimen organizado significa una de las mayores amenazas para la estabilidad, la gobernabilidad, la paz y el desarrollo de México. Pero al mismo tiempo se convierte en amenaza para la seguridad de nuestros vecinos.

Reducir estos fenómenos al ámbito de control efectivo de la Policía es un objetivo estratégico. Queda claro con la diplomacia pública y abierta que se practica que estos asuntos están sobre la mesa. La oportunidad de fortalecer la relación a pesar de los avatares de una administración norteamericana con sesgos antimexicanos está abierta.

Se logró un respiro, pero el problema de fondo subsiste. La migración no va cesar por arte de magia; habrá que ordenarla por el bien de todos los países involucrados y cuidar nuestra relación económica y comercial es fundamental para asegurar que crezca el nivel de vida de los mexicanos. La diplomacia mexicana hizo su trabajo.

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