Lecciones de Montaigne

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Por: Dr. Luis Ernesto Salomón Delgado, catedrático e investigador de la UdeG

En medio de la furia racista y la lucha por imponer una verdad, un relato sobre la vida y el pensamiento del humanista francés Michael de Montaigne en que se combinan la rebeldía contra la costumbre de obediencia y la amistad puede ser oportuno:

La amistad entre dos pensadores, inquietos y diversos es un hecho extraordinario. Michael tiene el privilegio de vivirla brevemente en Burdeos hacia 1560. Ahí conoce a Etienne de la Boètie; un abogado y hombre de letras, autor de La Servidumbre Voluntaria, cuyas ideas son la piedra angular de una amistad sentida, pensada, escrita; rota solo por la muerte prematura de Etienne. Años mas tarde, en las postrimerías de su vida Montaigne conoce a Marie de Gornay, una jovencita, admiradora de su obra, que llega a ser su protegida y a quién le encarga la edición de sus obras postmortem. Con ella discute muchos de los aspectos revisados de sus ensayos y siente aquel impulso que solamente el amor puede dar en el último trecho vital. No es una joven cualquiera, es una mujer recién casada, descendiente de las mejores familias de Francia estudiosa los textos de Michael que decide ir en busca del autor con quién sentía gran afinidad intelectual. Montaigne siente la misma empatía racional de años antes con Etienne; pero entonces Michael dejó transcurrir en el tiempo lentamente hasta la muerte repentina de su amigo. Nunca imaginó que se iría con tantas cosas por decir y por hacer. Esta vez, no estaba dispuesto a cometer el mismo error.

Aquella mañana de marzo estaba impaciente. Hasta escuchar la voz suave de Marie se distiende. Tenían pactado revisar el capítulo titulado La Costumbre y el no cambiar fácilmente una ley. Hizo servir infusiones, mientras ella sacaba de su bolso los papeles y las plumillas. Una vez sentados, plantea:

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