Catalina Morfín, directora general del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), describe el modelo educativo de la universidad como uno centrado en el estudiante y con el que se pretende un aprendizaje significativo, situado, colaborativo, transferible, orientado a otras competencias, pero que se evalúa en la acción y desempeño.

Morfín señala que no es nuevo, pues se opera desde 2006, por lo que se procura hablar de uno que tiene una tradición arraigada de hace más de 500 años y se está actualizando conforme a los retos y necesidades.

“Lo hemos documentado a través de prácticas y transferido en las actualizaciones de los planes de estudio”, como los de al menos seis carreras que están próximas a modificarlo o que acaban de modificarse.

Estos planes se han innovado agregando más trayectos de formación en los proyectos, conciencia de la modificación de cambios en el rol maestro-alumno, pues “el alumno no solo se tiene que limitar a recibir información, sino también a aportar, y el profesor no solo da el conocimiento, sino que pone en relación al estudiante con todo ese conocimiento”, además de la investigación, la cual se induce para que “nuestros formadores enseñen investigando e investiguen enseñando”.

Resaltan los Proyectos de Aplicación Profesional (PAP), que integran prácticas y servicio social, así como de un tipo de tesina para obtener el título profesional. Estos “se concretaron para todas las carreras en 2006, aunque ya venían operando en otras carreras y tiene sus antecedentes en una pedagogía de hace 500 años”, explicó.

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