Urge democratizar al SNTE y debe hacerse de arriba hacia abajo

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Por: Jesús Mier Flores, columnista de El Sol de Durango

El Magisterio sigue inquieto, porque aún no ha recibido la señal contundente de que el SNTE se democratice, dado que su deseo es ver en la lona al usurpador Alfonso Cepeda, quien pudiera esquivar los golpes de la base, pero no los de la Ley.

Los trabajadores de la educación, que aún siguen el lineamiento institucional, es porque ingenuamente piensan que el presidente de la República, ya dio luz verde para que continúe el Comité Ejecutivo Nacional espurio, sin haber sido sometido al consenso del voto directo y secreto de las bases. De ahí la confusión de los maestros de desconocerlos u obedecerlos cuando los llaman a que hagan bola y ser utilizados, para sorprender al presidente de que la traición, el robo y la mentira de que han sido víctimas ya no existe en su memoria.

Las acciones patrañeras de Alfonso Cepeda, se sustentan en exageradas poses de servilismo, que pretenden persuadir al presidente de la República, de que el SNTE apoya incondicionalmente los preceptos de la 4T y que sólo él es garantía de que así sea. Por lo que no tiene empacho en merodear las puertas de Palacio Nacional, para ponerse de rodillas, hasta conseguir la gracia de no ser movido de la dirigencia nacional.

Él sabe que una dirigencia corrompida y podrida hasta la médula, no encaja en los lineamientos de la 4T, porque la antidemocracia, la opacidad y el pillaje que practican, no son el pase que les permita entrar a ella, aunque cínicamente se declaren sus soldados.

Por eso, ahí los vemos empantanados en su stock de marrullerías, hurgando en el tufo de los muladares, para tratar de salvar toda la carroña que aún los alimenta y pese a la ingesta que reflejan, pretenden maquillarse y dar la imagen ante el presidente, que el daño, el agravio, el robo y la traición que hicieron a los docentes, ya se superó.

Sí real y sinceramente, Alfonso Cepeda y su equipo quieren convencer al presidente, que han asumido la tarea de reivindicar al magisterio, renunciando a su mandato espurio, sería la mejor prueba de que están comprometidos con la verdad y así le evitarían al presidente la exigencia de los mismos maestros que los libere de su presencia insoportable.

Pero como la renuncia, imposible sería que este delincuente la presente, obligarlo a que lo haga, sería cumplir con el mandato de que “nadie debe estar colocado por encima de la ley”, ya que el discurso del candidato y ahora presidente, no ha perdido vigencia y menos ante la pila de agravios que ha provocado la impudicia de Alfonso Cepeda.

Si AMLO, socarronamente los puso a prueba un año más en el poder, es suficiente para que el ejecutivo se haya dado cuenta que son incorregibles, porque la facciocidad con que se siguen manejando es inocultable; así como el hurto de las cuotas, el nepotismo y la asignación chapucera de las plazas, siguen de la mano, haciendo honor a la cultura de usos y costumbres que han impuesto en todos los estadíos del sindicato.

Alfonso Cepeda, es el líder emanado de un evento a modo y respaldado bajo la norma de estatutos amañados, cuya trapacería sólo admitió una veintena de pandilleros, para que fraudulentamente lo declararan líder nacional; quedando al margen la voluntad total del magisterio, que ahora por ley, reclama y exige sea removido y sustituido inmediatamente, mediante voto directo, secreto y universal y de ahí quien lo remplace se dé a la tarea de barrer las secciones estatales que ahora son desperdicios de la misma cesta.

La exigencia al presidente no es gratuita, porque la experiencia espantosa que vivieron los docentes, sólo él sabe del dolor que aún prevalece y que sólo destituyendo a los verdugos, pudiera ayudar a sanar la herida, ya que no se podría superar si siguen viendo a su lado a los que la causaron, a los que se ensañaron y que aún no han sido arrojados al basurero de la historia.

Nadie podría negar que los maestros apoyaran al presidente para que emanara de un proceso democrático y ahora observan que los que se dicen sus líderes pretenden cocerse aparte. Porque no logran asimilar que aquellos que los amenazaron para que votaran en su contra, ahora insisten en prolongar su mandato con la venia del que encarnizadamente denostaron, para que no llegara a Palacio Nacional, del que aún no se acostumbran a vivir sin sus favores.

Los maestros le apostaron a un demócrata, pese al llamado de los líderes a que no lo hicieran. Los desobedecieron e hicieron caso a su conciencia, con la convicción de que la confianza que depositaron en un patriota, no tardaría en deshacerse de los traidores que simulan imitarlo.

Los maestros estaban muy dolidos con los dirigentes y darle el voto a AMLO es la señal contundente de que los líderes no cuentan con su respaldo. De ahí, la exigencia de que el presidente les ayude a cobrar la afrenta de que fueron víctimas por parte de la fauna rastrera, al ser cómplices de la imposición de la mal llamada reforma educativa y que ahora ante el Ejecutivo desvergonzadamente condenan toda la basura que de ella predicaban.

Los maestros no vacilaron en apoyar al presidente, cuando hizo la promesa de barrer la casa de arriba hacia abajo. Ahora con escoba en mano siguen ahí, esperando que la puerta de su casa se abra, para sacar a escobazos desde mero arriba toda la basura que les ha dañado y desprestigiado el honor de su profesión.

Por todo ese derecho ganado a pulso, los maestros van con todo y permanecen en la línea que marcara el presidente, pese a la postura en que insiste el cártel sindical, de barrer la casa en sentido contrario al mandato presidencial, pretendiendo burdamente que sólo las casas estatales sean factor de limpia y la nacional rincón que siga dando cabida a toda la suciedad que se ha arrogado el descaro de representarnos.

Se le olvida que su momento de excesos y abusos ya se acabó y no hay reversa. Los tiempos de derroche sin fin, de la corrupción sin límite y del saqueo desbordado que ejerciera, deben retornar al cesto de la basura del que nunca debieron haber salido. Afortunadamente el viejo régimen ya se acabó y el nuevo no sólo pretende barrer la basura, sino ajustarles cuentas a quienes la tiraron.

Pese a las maniobras que ha instrumentado Cepeda, los maestros siguen confiando en el presidente y la esperanza que fincaron en él sigue vigente, porque AMLO no ha modificado un ápice sus compromisos o promesas. Hasta ahorita no se ha escuchado que dimita en su propósito de democratizar al SNTE.

Sobre aviso no hay engaño y menos cuando pondera su valor de agradecer, sustentado en la máxima de: “pagar es corresponder” y los maestros preferentemente forman parte de esa sentencia.

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