El regreso seguro a las escuelas

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Por: Dr. Luis Ernesto Salomón Delgado, catedrático e investigador de la UdeG

Los riesgos que provocó el cierre de las escuelas son ahora más graves que cuando se decidió suspender las clases. Por otra parte, las familias y las comunidades necesitan que las escuelas reinicien las actividades, siempre y cuando existan condiciones de salud pública suficientes para los niños, sus familias y para los maestros.

La nación se ha dado cuenta en las últimas semanas lo vitales que son las escuelas para la vida productiva y muchas personas creen que es urgente el regreso a las aulas, pero la vuelta exige el respeto al derecho a la salud de los menores, los mentores y las familias, así como de sensibilidad social para hacerlo de forma ordenada y gradual.

Las autoridades han manifestado que las escuelas de educación básica volverán el próximo 1 de junio, lo que puede significar riesgo para millones de personas y constituye una probable violación de sus derechos fundamentales. Ante el desafío cabe preguntarse ¿Qué se necesita para que el regreso a las escuelas sea seguro, ordenado y eficiente para las comunidades?

Las evidencias prácticas indican que primero es indispensable disponer de suficiente información comunitaria sobre los riesgos en la dispersión de la COVID-19. Cualquier consideración sobre la vuelta a clases debe tomar en cuenta la vulnerabilidad que enfrentan las comunidades. Las diferencias entre las escuelas son enormes, para no mencionar la distancia que significan las condiciones de los niños en educación inicial o preescolar respecto de los de secundaria. Además, los riesgos de rebrotes son reales, y según los especialistas, puede crecer en el otoño y el invierno.

En segundo lugar la decisión de regresar a las escuelas requiere de una amplia participación social para lograr procesos armónicos y graduales que generen la confianza de las familias en un entorno tan incierto como el que vivimos.

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