Volver a las aulas

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Por: Dr. Luis Ernesto Salomón Delgado, catedrático e investigador de la UdeG

En el mundo, entre el aturdimiento provocado por el impacto de la pandemia, las familias lidian con desafíos inusitados, y cuando voltean hacia sus autoridades las descubren perturbadas. Algunas, alejadas de la ciencia, al apreciar la dimensión del costo, apuestan a esa especie de regreso a una normalidad que ni es regreso, porque el pasado es inalcanzable, ni es normalidad, porque ahora lo cierto está por definirse. Pretender volver atrás es ir a ninguna parte. Toca construir nuevas formas de trabajo y convivencia que permitan la activación económica y el respeto a los derechos de todos.

Las predicciones se desgastan como estatuas de sal desnudando las intenciones de convertir el ruido estremecedor de la pandemia en una pseudomúsica para “conducir” a las masas. Entre los desafíos más complejos después de la salud, está la vuelta a las aulas. Las escuelas juegan un papel fundamental en la actividad social de nuestro tiempo, son pieza clave para la actividad económica y motores de nivelación de la desigualdad. Para las familias es necesario contar con los sistemas educativos para disponer de tiempo y condiciones para el trabajo. Por eso cualquier propuesta de activación económica y construcción de nuevas formas de trabajo requiere una fórmula segura para que los niños y jóvenes asistan a las aulas.

A partir de la ciencia y la experiencia en otras partes del mundo parece que aunque el riesgo de los niños a enfermarse gravemente por el coronavirus es mucho menor que los adultos, no es cero, hay un porcentaje pequeño de menores que han muerto o han requerido hospitalización. La mayor preocupación con la reapertura de las escuelas es la probabilidad de que los niños se contagien y que aun sin síntomas trasmitan el virus a otros niños, maestros o trabajadores en la propia escuela o a sus familias al ir a casa. En ese sentido, estudios de la Academia Americana de Pediatría refieren que incluso si los niños menores de 12 años se infectan en las mismas proporciones que los adultos de su entorno, es menos probable que lo propaguen y por eso ha recomendado que las escuelas puedan abrir con las precauciones debidas que suponen la distancia entre alumnos, el escalamiento de horarios y el uso de mascarillas.

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