Los desafíos a la democracia producto de la era obscura

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Por: Dr. Luis Ernesto Salomón Delgado, catedrático e investigador de la UdeG

En el invierno que vio nacer el año 2020 surgió un hecho sin precedentes: el virus que provoca el COVID-19 puso en evidencia la fragilidad de la humanidad provocando un miedo contagioso entre las comunidades y países que tomaron medidas para intentar contener la expansión de la enfermedad letal. El caso más significativo es la reacción contundente del Gobierno chino ante la amenaza a la salud que en semanas se convirtió en la pandemia más letal en un siglo. La reacción del Gobierno de aquella nación se transformó en desafío al llamado mundo libre, luego del control de la crisis a partir de restricciones a la libertad. El dominio de la enfermedad se convirtió en mensaje de fortaleza que endureció al Gobierno frente a Occidente.

En la primavera la crisis sanitaria puso a prueba a las organizaciones internacionales y a los gobiernos en Europa que se esforzaron en implementar medidas en un entorno de respeto al marco de las constituciones respaldadas por la ciencia. Para entonces se vislumbraba el alcance de los efectos de la parálisis económica provocada por las medidas restrictivas.

Para el verano la crisis sanitaria alcanzó a los Estados Unidos, y la recesión económica se  declaraba en la mayor parte del mundo. Para agosto la pandemia tocó sus niveles de máxima expansión absorbiendo la narrativa social en los medios de comunicación masiva y el entorno digital.

Ante la llegada del otoño algunas de las nubes de la tormenta comienzan a disiparse en Oriente, Europa y aun en el continente americano, que al final se ha convertido en la región del mundo más afectada. En unos cuantos meses el ánimo social, la perspectiva económica, la necesidad de liderazgo y la interconexión global cambiaron radicalmente. Los gobiernos y sus proyectos trastocados por la pandemia y la debilidad económica. La búsqueda de certidumbre en las comunidades está exigiendo acciones inéditas de las autoridades mientras el activismo de las minorías se refuerza en muchas regiones. El ánimo social aspira a retornar a la esperanza pero vive en la angustia y el miedo. Ahora vemos sutilmente el legado geopolítico de la crisis sanitaria: una polarización entre el mundo libre y China con desafíos científicos con fuerte impacto en el ámbito de la salud, de la acción militar, el comercio y la producción de bienes. Otra perspectiva es el cambio de comportamiento social, que se refleja no solamente con las mascarillas, sino en la actitud frente a la democracia, la participación y el tono de la movilización tanto en el campo digital como en el material.

Todo esto significa uno de los mayores desafíos a la democracia en los procesos que pondrán a prueba a las instituciones en donde se realicen elecciones y se desahoguen las presiones sociales provocadas por los efectos de esta era oscura, en la que las personas, las familias y las organizaciones se han visto bajo la presión del miedo.

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